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MI LIMONERO

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El limonero del que hablaba en el post Nietos era ya imposible de dominar por la altura alcanzada. Los limones se caían ya maduros y se reventaban al caer desde esa altura. Además no sé por qué, el tamaño de los frutos llega a ser tan excesivo. No sé si por el tamaño exagerado del árbol.

En efecto un limón ha alcanzado un peso de mil ciento cuarenta y cuatro gramos, este es el mayor de los que he pesado, pero los inmediatamente inferiores en peso están comprendidos entre los ochocientos y pico y doscientos gramos.

He fotografiado estos limones en un afán de que conste al menos en el recuerdo, antes de ser consumidos. Eso en cuanto al peso, ya que en cuanto a las dimensiones, obviamente, no se quedan atrás. En efecto el que pesa más de un kilogramo que he dicho, mide de diámetro116,3 milímetros y de largo 168,7mm, ambas medidas realizadas con calibre o pié de rey.

Decidí hace cuatro días acabar con tanta exuberancia y adquirí una especie de serrucho curvo que me parece una catana, que adquirí en Leroy Merlin.

Estudié la forma de cortar las ramas de la manera más racional, sin dañar en exceso al árbol, al menos eso pienso, lo que no estoy dudando a la hora de seccionar. Como la escalera que tengo es demasiado baja, solo cuatro peldaños, me veo obligado a alargar el brazo al máximo y que gracias a la longitud del serrucho he llegado a tener éxito.

Estoy cortando ramas principales de una sección de hasta noventa milímetros de diámetro. Obviamente dichas ramas en número de cuatro tienen a su vez ramales del orden de sesenta, cincuenta cuarenta y treinta milímetros, que tengo que cortar de nuevo con la catana. El resto de las ramas de menor diámetro puedo cortarlas con la tijera larga de poda de dos brazos

Tengo pues unos troncos que he cortado y desnudado de hojas que suponen una colección de unos 15 troncos de las secciones mencionadas y que a su vez llegaré a descuartizar en otros de menor diámetro para su transporte. Evidentemente he acumulado una ingente cantidad de hojas procedente del desnudo de troncos con la tijera de dos brazos, que he llenado en bolsas de jardín de 120 litros de capacidad en número de seis.

No pensaba que tanta grandeza de árbol me fuese a dar tanta lata. Es el resultado de dejar crecer un árbol durante quince años a su libre albedrío.
Mi padre era partidario de podar desde pequeño, ya que decía que hay que educar y reprimir al niño desde pequeño, ya que de mayor no hay quien enderece al joven y ponía el ejemplo del árbol.

 Cuando mi padre decía eso yo tenía unos catorce años y me parecía horrible ese ejemplo, ahora no tanto.

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