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Campo de Agramante

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Después de leer esta estupenda novela no sabría contar con exactitud y rigor el argumento de la misma, si es que existe.

Toda la obra se me antoja como un canto al paisaje y a las costumbres de una zona de la provincia gaditana, quizás la mas conocida, al hallarse cerca el Coto de Doñana, donde se conservan muy variadas y delicadas especies que han hecho allí  su habitat  y  por  que es considerada la mayor reserva ecológica de Europa.

También es conocida la zona por la elaboración de los caldos vinícolas, especialmente de la manzanilla.

Teniendo estos dos ingredientes, Caballero Bonald nos deleita con una historia narrada con  excelente maestría.

Son deliciosas muchas de las andanzas del protagonista que se desenvuelve por Sanlucar de Barrameda con la elegancia del señorito andaluz, sin serlo, pero que desde el principio  aparece como un ser atormentado por un extraño padecimiento. En la contraportada ya se nos avisa:  “ acosado por una serie de anomalías auditivas, un hombre vive un extraño proceso patológico entre la cotidianidad y alucinación, la rutina y el absurdo ".

 Caballero Bonald conoce perfectamente el terreno que pisa, no en vano este escritor nacido y afincado desde hace mucho en Jerez de la Frontera, hace frecuentes incursiones a toda la zona que describe.

Aparecen el personaje central y una serie de personajes con el relacionados, unas veces cómplices, otras, las menos, en discordante actitud como en el caso  de Javier Dopingo conocido como el cojitranco,  cuyo perfil me recuerda mas aun embaucador que a un simple ciudadano, con el que tropiezan él y su amigo Apolonio en el Talismán. Lugar este bache, de encuentro de la mayor parte de los personajes que componen la novela. Apolonio de oficio calafate, suele reunirse con su amigo en este bar con bastante frecuencia y conoce perfectamente las rarezas de este, con el que suele tomarse sus medias botellas de manzanilla o de un buen oloroso.Y noto como se recrea en el disfrute no solo del vino en si, sino del proyecto de alcanzarlo antes con la imaginación. 

El protagonista cuyo nombre no se nos desvela hasta muy entrada la novela, es el hijo de una viuda, que regenta el patrimonio familiar, que no es otro que un estupendo aserradero, que da por lo visto para mucho, a juzgar por las importaciones de madera que reciben de paises africanos casi siempre. El tio Leonardo es el encargado del aserradero, quien  mantiene una estrecha relacion casi  paternal  con él y quien acabará convirtiendose en padrastro del joven,

He de decir también que me encanta como el autor pone en boca del narrador y protagonista, todo el conocimiento de las maderas, cual se tratase de un avezado  tecnólogo de dicha materia vegetal.

Todos los personajes se relacionan entre si de forma espontanea sin grandes sobresaltos. Quiero decir sin forzar las situaciones,  aunque el protagonista me parezca un verdadero caso clínico,  digno del mejor psiquiatra.

A propósito de psiquiatras,  hizo un análisis pormenorizado, muy extenso  del personaje principal de la novela,  un conocido especialista  y neurólogo de una zona cercana a Cádiz, el doctor Castilla del Pino. Transcribo a continuación un comentario de este doctor que  me resisto omitir..

 Es lógico que a este infeliz le asalte una especie de hipocondría. Porque lo ruidos anticipatorios se acompañan, además, de sensaciones absolutamente nuevas y, por tanto, extrañas, que no son de la esfera acústica: “Oí entonces con mayor precisión el crujido, ahora acompañado de unas casi imperceptibles oscilaciones, era más bien una palpitación parecida a la de una burbuja caliente o a ladel aleteo nimio de un insecto.”

 Una de los comentarios que hicieron algunos de mis compañeros de tertulia fué el que el sujeto, sufriera de complejo de Edipo, quizas por las alusiones casi constante a su queridisima madre. Sobre todo cuando estaba bajo los efectos de una segunda o tercera media botella de manzanilla.

“Estaba yo –dice – en la barra del Talismán hablando de madera de barcos con el calafate Apolonio, cuando escuché  un grito de la clase de los desgarradores. Nadie parecía haber oído nada distinto. Miré primero a Apolonio, que permanecía abstraído en la contemplación de la segunda media botella vacía”

Cuando después de una travesía en el bote llega al varadero: “me pareció sentir una exclamación de presunta índole lujuriosa, un jadeo anhelante o algo así emitido sin ninguna duda por una mujer y eso me amilanó más de lo que normalmente solía ocurrirme en casos análogos”

 Temiendo algo, retrasa la ida a su casa mediante rodeos innecesarios, toma dos copas sin gusto, entra en su propia casa rodeándola, por la puerta de atrás, delatando a propósito su llegada a los que en ella podían estar en ese momento.

Pese a todo, llega a tiempo de ver a su madre con tío Leonardo, intentando éste normalizar su compostura, y ella, mientras, con el pelo revuelto. En fin...

Pero he aquí que, a partir de este momento, lo ocurrido “no sólo constituía una nueva y desconocida forma de premonición, sino que me deparaba también la argucia vengativa de poder intervenir previamente en su intimidad” , en la de su madre.

Otra de las narraciones mas conmovedoras es la caceria de un Jabalí. Es espantosa la descripción de la captura del animal, truculenta, quizás la más espantosa de todas las que he contemplado jamás, digo contemplado y digo bien, por la narración tan perfecta, detallada,  de tan demoníaca cacería.

No quiero terminar este post,  sin hacer alusión a la extraña pareja de amigas con las que el protagonista se dejaba ver por los pubs sanluqueños. Parece ser que una de ella sentía pasión por nuestro personaje y la otra por la primera . Aquella se las ingenia para concertar un trío, sin mas consecuencia..

 

 

 

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